VOLVER ATRÁS

El Nóbel de Economía John Nash habla sobre el estigma de la enfermedad mental dentro del Congreso Centenario Juan J. López Ibor, de la Asociación Mundial de Psiquiatría.

http://www.psiquiatria.com/boletin/revista/175/26536/?++interactivo



Conoce de primera mano la estigmación que sufren este tipo de enfermos, de hecho él mismo pasó de notables episodios de esquizofrenia paranoide a ser Premio Nóbel en 1994 por la «Teoría de los juegos», modelo matemático que pretende describir y predecir el comportamiento de los agentes económicos. Igualmente inspiró la película ganadora del oscar «Una mente maravillosa».

Su presencia en el Congreso Centenario Juan J. López Ibor, de la Asociación Mundial de Psiquiatría, ha sido para tratar el estigma que sufren los enfermos mentales. De sus palabras se extraen los siguientes consejos:

Este tipo de enfermos pueden ser tremendamente ilógicos e irracionales, como ocurre en muchas enfermedades mentales. Y una cierta cantidad de estigmatización es inevitable. Alguien que sufra un accidente y pierda un brazo tendrá siempre una cierta cantidad de estigmatización sobre él.

El futuro: Conozco expertos en lógica matemática que entran y salen de clínicas y en los periodos intermedios hacen un trabajo magnífico. A comienzos de los 60 entré y salí varias veces de clínicas. No me gustaba rechazar mis delirios, pero en esos periodos trabajaba normalmente.

No es para toda la vida: «Durante 20 años estuve afectado por una enfermedad mental. Mi curación no se debió a un proceso médico o quirúrgico, sino que pasó el tiempo y mejoró mi proceso irracional. Nunca me consideré un esquizofrénico». «Si las personas que han padecido episodios de enfermedad mental o locura fuesen tratadas como casos nuevos cada vez que los sufren, tal vez los superarían con mayor ánimo».

Mentes y robots: «Podemos hacer una analogía a través de la ciencia ficción, donde una cierta categoría de androides estén experimentando problemas de sus funciones del cerebro de tal naturaleza que su utilidad económica se deteriora seriamente. Sería muy probable que un trabajo de reparación eficaz del cerebro de un androide tuviera un coste mucho mayor que el de simplemente de crear un androide nuevo y fresco. A diferencia de los androides perturbados, los seres humanos cuyos cerebros no funcionan convenientemente como para ser trabajadores, sí pueden ser apreciados por sus relaciones familiares, si no por toda la sociedad. De este modo, son comparables a las mascotas domésticas, y pueden ser aceptados, especialmente por sus familias, si no son capaces de crear «productos» valiosos de los que se espera que cree el trabajo de los humanos».