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AVANCES CONTRA LA ADICCIÓN.
Tres décadas de investigación han ratiflcado que la drogadiccion
debe tratarse como una enfermedad crónica. Mientras se esperan
próximos avances derivados del proyecto genoma y de los estudios de
neuroimagen, en Andalucía y Cataluña se ensayan nuevas estrategias
para tratar a los heroinómanos.
La drogadicción, una
enfermedad crónica
La neurobiología ratifica que
el consumo prolongado de drogas causa daños cerebrales duraderos
La drogadicción debe ser considerada a todos los efectos como una
enfermedad crónica. Esta afirmación no es ya sólo una iniciativa
de política sanitaria o un diagnóstico avalado por la
Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de
Psiquiatría, sino una sentencia científica. La acumulación de
investigaciones sobre la biología de la adicción ha ratificado que
el uso prolongado de drogas causa alteraciones cerebrales y
cognitivas duraderas y que, por tanto, la drogadicción debe ser
abordada como una enfermedad, con las mismas estrategias que la
diabetes, el asma o cualquier otra patología crónica.
Una de las conclusiones más relevantes de las recientes
investigaciones es que todas las sustancias adictivas, desde el
tabaco a la heroína, pasando por la cocaína, el alcohol, la
marihuana y las anfetaminas, activan los mismos circuitos
cerebrales. Y ahí parece estar la clave del conocimiento y el
tratamiento de las adicciones. "La dependencia a las distintas
drogas, aunque se manifiesta con comportamientos diferentes, tiene
mecanismos biológicos comunes que nos explican muy bien qué sucede
en el cerebro", apunta el farmacólogo Jordi Camí, coautor
junto con el también farmacólogo Magí Farré de una larga
revisión científica sobre la drogadicción que se publica en el
último número de The New England Journal of Medicine, la revista
médica más citada en todo el mundo.
El uso prolongado
de drogas afecta a los circuitos cognitivos y de recompensa
La identificación de las bases neuronales de la adicción ha sido
uno de los grandes avances. "La exposición prolongada a las
drogas de abuso produce efectos en los circuitos cognitivos y de
recompensa", escriben Camí y Farré en su trabajó, sustentado
en un centenar de estudios y artículos recientes. "Por esta
razón", añaden, "la adicción debería ser considerada
una enfermedad médica crónica.
El uso continuado de drogas causa cambios adaptativos en el cerebro
que explican la tolerancia (necesidad creciente de una dosis mayor
para conseguir el mismo efecto), la dependencia fisica, el consumo
compulsivo, la activación de los mecanismos cerebrales de
recompensa, la necesidad irresistible (craving) de la droga y otras
características de las adicciones, cuyas bases biológicas empiezan
a ser bien comprendidas.
¿Por qué algunas personas se hacen adictas? ¿Por qué tantos
millones de personas en el mundo, a pesar de conocer sus efectos
negativos, continúan fumando, bebiendo en exceso o consumiendo
drogas? ¿Cómo se produce esta relación de servidumbre
involuntaria con las sustancias adictivas? La respuesta está en el
cerebro: todas las drogas estimulan los mecanismos relacionados con
el refuerzo positivo (facilita las conductas que llevan a
sensaciones agradables, como la euforia) y algunas además reducen o
eliminan las sensaciones desagradables.
Lo que tienen en común todas las drogas, ya sean los euforizantes y
sedantes derivados del opio, la estimulante y relajante nicotina,
las energizantes anfetaminas y cocaína, el estimulante y
desinhibidor alcohol, los relajantes y apaciguadores cannabinoides,
y las demás sustancias adictivas naturales o de diseño, es que
estimulan la liberación de dopamina en una zona del cerebro (el
núcleo accumbens) que desempeña un papel importante en el refuerzo
de la conducta.
El aumento de los niveles de dopamina es además el nexo común
entre eventos placenteros tan diversos como un beso o ganar un
partido de tenis y la llegada al cerebro a través de la sangre
de un aluvión de moléculas de nicotina, heroína o cocaína. Las
recompensas naturales como el sexo, la comida y la bebida, al igual
que las drogas adictivas, estimulan la liberación de dopamina de
las neuronas del área ventral tegmental en el núcleo accunbens,
provocando euforia y el refuerzo de la conducta que ha desencadenado
el estímulo.
Las recientes investigaciones con modelos animales y las modernas
técnicas de neuroimagen no sólo han identificando las áreas
cerebrales y los circuitos neuronales implicados en la adicción a
las principales drogas, sino que han "reafirmado el liderazgo
dopaminérgico", en palabras de Camí. El papel central de este
neurotransmisor en la drogadicción tiene que ver además con su
implicación en los procesos de aprendizaje y memoria.
Los cambios bioquímicos y eléctricos que ocurren en el cerebro con
la llegada de la droga se convierten a la larga en cambios
estructurales duraderos y quizá definitivos. El cerebro se
transforma de tal modo que, para los adictos, "los efectos
inmediatos de las drogas son más potentes que el hecho de darse
cuenta de sus consecuencias negativas a largo plazo", explica
el estadounidense Neil Carlson, una autoridad en las bases
biológicas de la conducta.
La ciencia ha comprobado que el consumo prolongado produce
"alteraciones en cl cerebro que aumentan la vulnerabilidad a la
recaída y facilitan la búsqueda irresistible de droga incluso
meses o años después de' la desintoxicación", escriben Camí
y Farré. Los condicionantes ambientales son asimismo un factor
clave en la aparición y el mantenimiento de la drogadicción.
Las múltiples dimensiones que tiene el problema de la drogadicción
es lo que hace tan complejo su abordaje. "Tenemos la
tecnología farmacológica para paliar y gestionar la
sintomatología de estas enfermedades crónicas", afirma Cami,
pero "seguimos pendientes de que se desarrollen más y mejores
estrategias a largo plazo no sólo en el área de la farmacología,
sino también en la psicosocial".
Para la mayoría de los adictos, resulta casi imposible detener la
espiral adictiva por sí mismos, sin ayuda terapúutica. Uno de los
principios básicos del tratamiento, propuesto por el Instituto
Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de EE UU, es que el
abordaje debe hacerse de forma integral, atendiendo las múltiples
necesidades del paciente. Además, los tratamientos deben ser
individualizados, porque no hay ninguna receta universal. Otro de
los principios es que la terapia debe durar al menos 90 días para
que pueda ser efectiva.
Estas consideraciones son válidas también para la adicción a la
nicotina. "El tabaquismo es una enfermedad crónica exactamente
igual que el alcoholismo", afirma rotundamente Cami. La
drogadicción "no es ningún pecado", añade, aunque
"hay quien está más o menos predispuesto genéticamente y
más o menos expuesto ambientalmente" Y esto es precisamente lo
que se debe aclarar en los próximos años.
La personalidad adictiva
Por qué unas personas tienen más riesgo que otras de hacerse
adictos? La pregunta es un desafio mayúsculo para los
neurobiólogos de la adicción. Todo apunta a que los genes que
determinan los distintos efectos de una misma diuga en unas personas
y otras contribuyen al riesgo de adicción. Se sabe, por ejemplo,
que los hijos de alcohólicos adoptados por familias no alcohólicas
tienen más riesgo de hacerse adictos a la bebida. En los últimos
años se han descubierto numerosos genes relacionados con
variaciones en el metabolismo de la nicotina, el alcohol, la hemina
y otras drogas que se traducen en una mayor o menor tolerancia
individual y en un distinto riesgo de adicción. Todos estos
descubrimientos derivados del mejor conocimiento del genoma humano
han generado más expectativas que realidades, según Jordi Camí,
catedrático de Farmacología de la Universidad Pompeu Fabra de
Barcelona, pero no son suficientes para conocer la susceptibilidad
individual a la adicción. Con todo, "en los próximos años,
con la utilización de microarrays-fbiochips], obtendremos mucha
información sobre la predisposición individual a las drogas",
añade. Aunque hay pruebas de que ciertos rasgos de la personalidad
(por ejemplo, el gusto por el riesgo o la búsqueda de novedades)
favorecen la drogadicción, la existencia de una personalidad
adictiva no está bien demostrada, según Camí. Lo que sí está
comprobado es que las personas adictas a una droga. tienen más
posibilidades de ser adictas a otras.
Otro hecho bien comprobado es que las enfermedades mentales (la
esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar) se relacionan
con un mayor riesgo de adicción. "De momento, "sólo
está bien demostrada una mayor vulnerabilidad a la adicción en las
personas con trastornos psiquiátricos", explica Cami. Y
añade:
"Cuando una persona tiene los dos problemas [enfermedad mental
y drogadicción es mucho más difícil de manejar desde el punto de
vista médico", y el pronóstico es más desfavorable.
Para comprender la diferencias individuales en la drogadicción sólo
hay, en definitiva, dos explicaciones: la herencia y el ambiente. De
la primera parece que habrá avances concretos en los próximos
años; el estudio de los condicionantes ambientales se antoja, en
cambio, más complicado:
El País, martes 9 de septiembre de 2003
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