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Enfermedad
mental, estigma y trabajo.
El trabajo, es una fuente de bienes
necesarios para la vida que proporciona independencia, pero también una fuente esencial
de autoestima. Incluso el trabajo no remunerado hace sentir útil y valioso a quien
lo realiza. Para las personas que se recobran de una enfermedad mental, es una oportunidad
de vida comunitaria, de adopción de hábitos y de estructuración mental.
Desgraciadamente, los posibles beneficios del trabajo son neutralizados por prejuicios
sociales negativos ante la posibilidad del trabajo de los enfermos.
En la sociedad, generalmente se considera que los pacientes psiquiátricos nunca
se recobrarán lo bastante como para ser útiles a la sociedad en algún modo, que
son constantemente impredecibles e inestables y que pueden ser peligrosos. Estas
expectativas determinan la conducta de las personas y las políticas de las empresas
entre el
posible trabajo de los enfermos. Es lo que denominamos estigma.
Los empleadores son renuentes a contratar a personas con historial psiquiátrico.
En EEUU está documentado el hecho de que los pacientes son frecuentemente despedidos
de sus trabajos si trasciende su condición de enfermos mentales aunque hayan mostrado
adecuada competencia para el trabajo; la mitad de los pacientes en condiciones y
deseosos de trabajar están desempleados por esta razón. El mismo problema afecta
a quienes desean ofrecerse como voluntarios para trabajos comunitarios. Ello también
incluye en campo de la salud mental, donde cabría esperar mejor entendimiento de
la problemática. Tampoco aquellos que logran trabajo se ven libres eluden la estigmatización.
Cuando se conoce en el puesto de trabajo que una persona ha recibido tratamiento
psiquiátrico, suele ser relegada y empleada en puestos de menos responsabilidad.
El estigma afecta también a las relaciones personales en el trabajo, y los pacientes
perciben ser tratados de manera especial o eludidos.
La solución elegida normalmente
por los usuarios es mantener el secreto su situación. Desafortunadamente, esta solución
es causa de otras formas de estrés. Los usuarios prefieren pagar de su bolsillo
los tratamientos en lugar de usar los seguros a los que tienen derecho por su trabajo
lo que limita la calidad e intensidad del tratamiento que necesitan , a veces emplean
horas en viajar fuera de su comunidad para recibirlo y se ven obligados a crear
un repertorio de excusas para explicar sus ausencias. De todas las maneras, la situación
se convierte en fuente permanente de preocupación.
Para paliar el problema se han propuesto varias estrategias:
- Medidas para cambiar las expectativas acerca de las capacidades y potencial de
los usuarios. Ello incluye también cambiar las del personal sanitario en salud mental.
- Difundir información adecuada a las empresas para que los empleadores modifiquen
sus prejuicios. Recuperarse de un trastorno psiquiátrico no se distingue esencialmente
de recuperarse de otra enfermedad.
- Dejar claro que limitar el acceso al trabajo de una persona exclusivamente por
haber padecido un trastorno psiquiátrico es discriminación.
- Crear modos de proporcionar apoyo a los enfermos que trabajan.
Traducción y resumen de Ricardo Guinea para la Asociación Madrileña de Rehabilitación
Psicosocial Publicado en Psiquiatría Pública
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