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La terapia filosófica, una alternativa al psicoanálisis

Una filósofa recupera los valores femeninos de los antiguos pensadores para asesorar a mujeres con problemas

ROSA M. TRISTAN

MADRID.- Si usted es de las personas que se vuelcan en los demás y se olvidan de sí mismas, sepa que Spinoza ya pensó en su problema; si, además, es rebelde e inconformista con el mundo que le rodea, Nietzsche le puede ayudar a buscar respuestas; si esconde pensamientos que no se ajustan a la realidad, igual en Descartes encuentre alguna solución. Otra alternativa es acudir a un asesor filosófico.

          Los consultorios de los asesores filosóficos, como alternativa a las terapias tradicionales, aparecieron hace 20 años en Alemania, pero su aterrizaje en España se remonta a hace un par de años. Mónica Cavalié, doctora en Filosofía y presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos (Asepraf), es una de las impulsoras de este movimiento en nuestro país y acaba de publicar un libro sobre las respuestas que ofrece a los problemas de las mujeres:
La filosofía maestro de vida (editorial Aguilar).

          "Antiguamente, la filosofía era un arte de vida, práctica, útil para el individuo, incluso los filósofos eran los asesores políticos, pero en la Edad Media, con el Cristianismo, se redujo al ámbito académico, lo que no ocurrió en Oriente", explica Cavallé a EL MUNDO.
"Ahora, tratamos de recuperar aquella dinámica a través del diálogo, partiendo de que gran parte de las dificultades que atraviesan las personas no son patologías mentales, por lo que no hay una perspectiva de salud mental, sino que se trata de ideas erradas sobre nosotros mismos, conflictos de valores, nociones sobre nosotros mismos a las que no hemos llegado solos y, por tanto, que nos limitan y no deben tratarse como enfermedades", según la filósofa.

          Por ello, contrariamente al psicoanálisis, no se centra en el pasado para solucionar los problemas; incluso, si proceden de allí, se deben a las creencias que se tienen en el presente. La terapia filosófica, prefiere "abrir los ojos, tomar conciencia de procesos que eran automáticos y, así, liberamos de las interferencias. Es una revolución".

          Cavallé explica que la filosofía actual la hacen hombres "que se han disociado de sus valores femeninos, que es el olvido de lo concreto, del individuo, del diálogo"  lo que no ocurría con los griegos. Es más, como asesora filosófica ha comprobado que las propias mujeres incorporan los valores masculinos, en lugar de mantener los específicos, para ocupar un lugar en la sociedad actual".

          El perfil de quienes recurren a sus servicios es variopinto en edad, aunque requiere una cultura media y capacidad de reflexión. "algunos antes fueron psicólogos, que no les convencieron, y otros son personas que nunca hubieran ido a un profesional de este tipo, aunque no se sientan bien" asegura.

          También los problemas son diversos, aunque predominan los adolescentes apáticos, sin referentes de valores; mujeres agobiadas por el estrés laboral y familiar o por la soledad; y hombres, que acuden cuando ya están en situaciones límites, muchos con triángulos
amorosos. Según Cavallé, "no se trata de hablarles de un filósofo en cada caso, no hay recetas", aunque reconoce que los griegos aportaron  mucho al conocimiento del individuo
duo. En estas terapias, se evita crear una relación de dependencia con el asesor como ocurre con el psicoanálisis, y las sesiones no suelen durar más de tres meses, aunque a algunos les basta con una sola para cambiar. "Por ello mi libro no es de autoayuda, sino de aprender a vivir de otra manera y casi todos quienes lo siguen se sorprenden de los resultados".

EL MUNDO 30 de marzo de 2004