VOLVER ATRÁS

MONICA          

          Nací en la ciudad de México en 1973. Fui una niña prodigio. Avance por la escuela asombrando a todos y ganando todos los reconocimientos. Siempre era la más pequeña de mi clase y la más destacada. Todos me auguraban un brillante porvenir.

          Devoraba los libros. Me gustan todas las áreas del conocimiento. Pero mi preferida era la historia. De niña quería ser arqueóloga o historiadora. También leí mucho sobre fenómenos paranormales y ciencia ficción. En realidad, quería saberlo todo, y pensé en una profesión que me permitiera aprender de todos los temas. Quién tiene que conocer de todo? Alguien que tiene que transmitir la información. Así que pensé en la carrera de ciencias de la comunicación. Entonces mi padre me dijo: "Mira, todos los grandes periodistas no son egresados de la carrera de ciencias de la comunicación. Son abogados, filósofos, historiadores, sociólogos. Además, piensa que te vas a morir de hambre. Estudia una carrera que te permita subsistir y luego retomas tus sueños". Entonces busque otra cosa que fuera bien pagada, que implicara manejo de información y que me gustara. Así que me decidí por el camino más fácil: la informática. La informática es un chiste. Está regalada, no tienes que pensar mucho, sólo ser lógico. Y además el mundo está tan loco que es una de las carreras mejor pagadas en la actualidad (también alguna vez pensé en la política, para ayudar a corregir el rumbo del mundo, pero mi padre me dijo "Política, mmmmmm. Sólo piensa que quien quiere limpiar la mierda, a veces tiene que embarrarse". Y entonces me di cuenta de que mi estomago no da para tanto).

          No tengo madera de mártir ni el carisma para ser líder. Entonces decidí que sólo me abocaría a tener una gran carrera profesional y un hogar feliz, y ayudar en lo que pudiera al mundo.

          En 1987 tuve la oportunidad de viajar por Europa durante 3 meses, teniendo como base Suiza. En ese viaje, el inglés "se asentó" en mi cabeza.

          En 1995, en la Universidad Nacional Autónoma de México todo iba como siempre para mí. Estaba en el octavo semestre de la carrera de Informática (que dura diez semestres). Estaba compitiendo por la medalla Gabino Barreda al mejor promedio de la carrera. Estaba en un programa de cursos especiales junto con otros 24 estudiantes de las carreras de ingeniería en electrónica, ingeniería en computación, matemáticas, física, actuaría e informática. Mis planes al terminar la carrera eran buscar una beca de postgrado en una universidad europea, regresar a México después, buscar trabajo en una trasnacional y buscar una cátedra en la universidad para dar clases, que también me encanta. Tenía un novio, un muchacho muy inteligente que me quería mucho. Teníamos ocho años juntos como novios. Nuestro plan era casarnos y formar una hermosa familia.

          La primera caída:

          En 1995, a los 21 años, supe de una convocatoria para un intercambio cultural de 2 semanas en Alemania. Me presenté y me eligieron junto con otros 9 mexicanos. En ese momento yo estaba estudiando el 8avo semestre de la carrera de informática y estábamos en una vacaciones intersemestrales. De tal manera que tenía el tiempo para ir a este intercambio. Sin embargo, para aprobar la materia de cibernética tenía que presentar regresando de vacaciones un proyecto semestral. Yo quería ir al intercambio, y por supuesto también quería aprobar mi materia.

          Durante una semana me dedique a hacer el proyecto de cibernética, noche y día, y esa semana me la pasé casi sin dormir. Terminé el trabajo justo antes de irme al intercambio. El viaje a Alemania desde México fue de 7 horas en un avión, escala en Nueva York por 2 horas, 5 horas en otro avión, escala en Ámsterdam por 4 horas, y otro vuelo de 2 horas a Sttutgart. En total fueron 3 aviones los que tomé. No dormí nada durante ese tiempo. El intercambio fueron dos semanas de levantarse a las 5:30 am e irse a dormir a la 1:00 am o 2:00 am de la mañana, con un programa de actividades lleno durante todo el día. El regreso a México fue igual, con las mismas escalas y sin dormir.

          Cuando regresé a México, ya presentaba un brote declarado de manía.

          La primera batalla: En cuanto llegue, mi familia notó que algo andaba mal. Primero me visitó una doctora general. Ella les dijo: "Esta niña no tiene nada, sólo está contenta y tiene mucha vitalidad". Pero mi comportamiento extraño continuo, y cada vez peor. Entonces mi mamá me llevó directamente al hospital. Me revisaron, me entrevistaron, entrevistaron a mis padres sobre como era yo normalmente, me hicieron exámenes, y finalmente el médico concluyó: "Es un caso típico de Desorden Bipolar. Tiene que retirarse de sus actividades. Evitar totalmente el estrés. Dejar la universidad y olvidarse de sus planes". Yo estaba presente, y le dije "Esta usted loco. Yo tengo que regresar a la universidad a terminar mi carrera. Necesito mantener mi promedio. Necesito ese título para buscar una beca en Europa". El entonces me dijo algo socarronamente: "Inténtalo".

          Así pues, cuando comenzó el semestre regresé a la universidad. Fue horrible. No pude estar en ella ni dos días. No podía quedarme quieta en la silla. No podía dejar de interrumpir a los profesores. No podía mantener la atención y la concentración. Finalmente me di cuenta de que no podía seguir así, porque nadie entendía porque me comportaba así. Y con todo el dolor de mi corazón, tuve que dejar de asistir. La medalla Gabino Barreda estaba para siempre perdida.

          El que fue mi novio nunca creyó que yo estuviera enferma. El sólo me dijo que yo había cambiado, que ya no era la misma. Su familia también se enteró de que yo estaba enferma y ellos sí lo creyeron. Y entre que él no comprendió el porqué de mis cambios y su familia comenzó a presionarlo para que me dejara, él decidió terminar su relación conmigo. Eso dolió, dolió. Yo lo amaba totalmente. Aún ahora, después de tantos años, él tiene un lugar muy especial en mi corazón y le deseo que sea feliz.

          Así pues me recluí en mi casa. No podía ver la televisión. No podía leer. No podía hacer nada que requiriera concentración. Lo único que podía hacer era pintar. Y pinté, pinté, pinté.

          Pasados unos meses el brote maniático remitió, y me sentí otra vez bien.

          Pero, cómo podía yo abandonar mis sueños? Así, cuando me sentí mejor, regresé a la universidad a terminar mi último año de carrera. Mis calificaciones ya no fueron excelentes, pero fueron buenas. Me esforcé mucho. Pasé todas mis materias, ya no con MB sino con B. Olvidé la medalla, lo único que importaba era terminar la carrera. Lo único bueno que salió de aquí fue que conocí personas muy valiosas en la otra generación. En 1996 terminé la carrera e hice mi tesis. Y me titulé en 1997, sin medalla y sin mención honorífica como eran mis planes. Pero me titulé.

          En ese mismo último año de la carrera, busqué trabajo. Primero trabajé en una compañía especializada en software que me envío a trabajar a una de las más importantes trasnacionales del mundo, después de un riguroso examen y 2 entrevistas. Trabajé allí 8 meses, medio tiempo de las 7:00 am a la 1:00 pm, en un proyecto de un sistema para publicidad en televisión y radio. Las personas que lo hicieron renunciaron sin terminarlo y sin documentarlo. Yo lo hice funcionar (la idea original era buena) y lo documenté. Terminé el proyecto. Me ofrecieron otro proyecto, pero en ese momento necesitaba tiempo para escribir mi tesis, y no lo acepté, y renuncié. Además me enteré de que la compañía trasnacional le pagaba a la compañía especializada en software 9,000 pesos mensuales por mis servicios y a mí esta compañía especializada en software me pagaba 2,500 pesos mensuales. Eso no me gustó mucho; es más, no me gustó nada.

          Terminé mi tesis, me titulé y busqué de nuevo trabajo. Envíe mi curriculum a una de las más importantes compañías de cómputo trasnacionales en el mundo. Me entrevistaron y me ofrecieron trabajo. Acepté feliz. Sólo que había un problema. La empresa que me contrataba era una empresa manejadora de personal temporal, ellos me iban a pagar 4,500 pesos al mes para trabajar en la compañía de cómputo. Es decir, yo iba a ser una empleada externa en la compañía de cómputo trasnacional. Acepté, pero siempre estuvo en mi cabeza la idea de ser contratada directamente por la compañía de cómputo trasnacional. Así, comencé a trabajar en 1996. Trabajé muy duro un año, y entonces me enteré de que había un puesto libre dentro de la compañía de cómputo trasnacional. Me moví, hablé con mucha gente, los convencí de que podía con el puesto, me entrevistaron 3 personas. Normalmente las compañías trasnacionales no contratan a sus empleados externos para no tener problemas con las compañías que trabajan para ellos. A pesar de esto y gracias al trabajo que hice en mi puesto y a mis calificaciones y entrevistas, me dieron el puesto. Guau. Trabajar en una de las compañías más importantes de cómputo trasnacionales en el mundo. La compañía de cómputo trasnacional me contrató en enero de 1997. Trabajé muy duro. Hice muchas mejoras en el departamento. Comenzaron a darme proyectos especiales. Me pusieron al frente de un equipo de 10 personas. Entonces, para ponerme al frente de otro proyecto especial, se requería que yo tomara 2 cursos. Así que me enviaron a tomarlos a los Estados Unidos.

          La segunda caída:

          A mediados de 1998, volé a una ciudad en los Estados Unidos. Estuve una semana sola en esa ciudad. Acudí a tomar el curso toda la semana. Nuevamente despertarse temprano y dormirse tarde. Luego volé a otra ciudad en los Estados Unidos. Otra semana sola. Otra semana de despertarse temprano y dormirse tarde. Sumándose a esto las invitaciones de los instructores a reuniones en la noche y a turistear un poco por las discotecas.

          Cuando regresé a México, ya estaba otra vez maníaca.

          "Dios mío, no puede ser", pensaba yo. Intenté trabajar algunos días. Realmente lo intenté. Todos notaban que había algo raro. Finalmente un amigo me dijo: "Mónica, estás tomando drogas?". Con eso tuve. Al día siguiente acudí al seguro social con el médico que me tocaba. Y me dieron una incapacidad. Dejé de trabajar, abandoné todos mis proyectos y mi equipo, y de nuevo me recluí en mi casa. Estuve incapacitada varios meses, y finalmente cuando la incapacidad ya no podía alargarse más, renuncié. Renuncié porque no podía soportar la vergüenza de volver a ver a la cara a mis compañeros después de lo que dije e hice. Porqué había perdido la confianza de todos, de mis jefes, de mis colaboradores, de mi equipo. No tuve la fuerza para regresar y recomenzar allí.

          La segunda batalla:

          En mi casa fue el mismo trance que la primera vez. Y nuevamente pinté y pinté.

          Pasaron los meses, y nuevamente el brote maníaco remitió.

          Como comprenderán, yo ya no quería hacer nada.

          Entonces mi madre me dijo "no puedes quedarte ahí nada más sin hacer nada, busca trabajo". Yo ya no quería pero metí algunos curriculums. Para mi sorpresa me llamaron de una compañía consultora trasnacional muy importante. Me entrevistaron 3 personas. Y me ofrecieron un puesto muy importante con un sueldo de 15,000 pesos. Acepté gustosa. Entré a trabajar en esta consultora en enero de 1999. Trabajé nuevamente muy duro. Tenía un secretario. Tenía la autoridad para disponer de la ayuda de un equipo de 20 personas, aunque ellas no estaban directamente bajo mi supervisión. Todo iba bien. Nuevamente hice mejoras en mi departamento. A finales del 2000, pensaron en mí para liderar un proyecto especial en México.

          La tercera caída:

          A finales del 2000, volé a los Estados Unidos, para enterarme de los detalles del proyecto a nivel mundial. Nuevamente, fueron 2 semanas de despertarse temprano y dormirse tarde. Por más que intenté cuidarme y dormir más, no podía dejar de asistir a las reuniones, que eran en diferentes horarios.

          Nuevamente, la montaña rusa. Cuando regrese a México ya estaba otra vez maníaca.

Como comprenderán, intenté seguir trabajando. Y al principio nadie notó nada. E hice todo lo posible para mantener mi nivel de trabajo. Pero no funcionaba. Entonces un día mi jefe me llamó y me dijo: "Mónica, que pasa contigo? He recibido reportes de que ya no eres tan amable con los usuarios. De que has cambiado. Tienes algún problema?". Nuevamente, con eso tuve. Al día siguiente me presenté al seguro social y me incapacitaron nuevamente. Renuncie a los pocos meses, sin regresar. Era la misma historia que en la compañía de cómputo trasnacional.

          La tercera batalla:

          El mismo trance de las veces anteriores. Sin poder leer, sin poder ver televisión, sin poder hacer nada. Sólo pintar.

          Entonces pensé que es lo que haría con mi vida. La vida me había querido enseñar que no podía trabajar (cosa que por mi parte yo no quiero aprender). Entonces decidí hacer sólo cosas que me gustaran cuando pudiera, como aprender algo.

          Desde que había estado en Suiza, sin poder entender el alemán que hablaban los lugareños, tenía en mí la curiosidad por aprender este idioma. Así pues, me dije: "Pues, tienes tiempo, no tienes hijos a quien cuidar ni los tendrás, no tienes pareja ni la tendrás, no tienes nada que perder ni que ganar, haz lo que te guste". Y cuando el brote maníaco remitió, empecé a tomar clases de alemán y de pintura.

          Tenía ya cuatro meses estudiando alemán, cuando mi hermano me dijo que aquí en México no había nadie con quién yo pudiera practicar el idioma. Y me aconsejó que buscará en el Internet personas que hablaran alemán para practicar con ellas. Y me enseño el programa ICQ. A pesar de ser informática, yo sólo había utilizado el Internet para obtener información, nunca para comunicarme con nadie. Sin embargo, me pareció muy buena la idea.

          Así que comencé a utilizar el ICQ. Busqué personas alemanas, suizas y austriacas, de más de 30 años, que hablarán inglés y alemán, que les gustara la historia, las leyendas y la ciencia ficción, y otras cosas. El ICQ me regresó una lista con 30 personas. Les escribí a todas en alemán pidiéndoles que platicaran conmigo para ayudarme a practicar el alemán. Me respondieron 14. Y comencé a platicar con ellos. Entre ellos estaba un hombre muy especial.

          Platicaba con ellos, practicaba alemán y tenía otra vez contacto con el mundo. Así pasaron unos meses.

          Luego llegó el cumpleaños de este hombre muy especial, y como me caía muy bien porque era muy inteligente, le mandé un regalo cibernético por el Internet. A él le gustó mucho. Entonces comenzamos a escribirnos él y yo más seguido. Específicamente diario, como mínimo 2 horas. El a las 5:00 am en Alemania, y yo a las 11:00 pm en México. Mi madre quería estrangularme porque, como han podido entender, para mí es vital dormir. Pero no me importó y seguimos comunicándonos. Cuando le tuve más confianza, le conté todo acerca de mi enfermedad. Lo invité a visitarme en México. El me dijo que no podía. Unos días más tarde, él me dijo que me invitaba a Alemania.

          Yo no tenía nada que perder. Y contra la opinión de mi familia y de todos, viaje a Alemania a visitarlo durante 3 meses.

          Así conocí físicamente a este hombre especial. Nos conocimos físicamente, ya que ya nos conocíamos espiritualmente, y nos enamoramos.

          Cuando él me propuso que nos casáramos, yo al principio no quería. Qué derecho tenía yo para arrastrar en mi caída a otra persona?

          Pero mi madre me dijo, por Internet: "Él es un hombre inteligente, joven, culto, noble, sano, atractivo. Nunca ha sido casado. No tiene hijos. Es católico. Viene de una familia bien cimentada. Su familia te quiere. Sabe de tu enfermedad y te acepta con ella. Sabe que no quieres tener hijos y te acepta con esto. Lo único que le falta es ser rico, pero tú sabes que el dinero va y viene. Y te quiere bien, quiere hacer las cosas bien. Y tú también lo quieres. Es un regalo del cielo. Acéptalo". Así que le dije que sí me casaba con él, porque mi corazón me decía que le dijera que sí aunque mi cerebro me dijera que debía decir no.

          Viajamos juntos a México. Me casé con él en México en octubre del 2001, en una misa bilingüe. Fue muy muy hermoso todo. Luego nos fuimos a Alemania en noviembre.

          La cuarta caída:

          Me pasó lo mismo que a Napoleón y a Hitler, no conté con el invierno europeo.

          Aquí en Alemania, en invierno amanece a las 10:00 am y obscurece a las 4:00 pm, a veces incluso antes.

          Con la falta de luz solar, se me presentó mi primera depresión. Es horrible. Todo diciembre, enero y febrero me la pase en la cama, sin querer ver a nadie, ni hablar con nadie, ni hacer nada. Los padres de él se preguntaban porqué yo no bajaba a comer con ellos. Ellos llegaron a creer que ellos no me agradaban. Finalmente, tuve que explicarles mi enfermedad. Gracias a Dios lo comprendieron.

          Mi esposo se preocupó muchísimo por mí. Me llevó con un médico general y con dos neuro-psiquiatras diferentes. Los tres médicos nos dijeron que no podían darme antidepresivos porque como soy bipolar los antidepresivos pueden provocarme un ataque de manía, que mi depresión se debía a la falta de luz solar (este fenómeno se llama Trastorno Afectivo Estacional), y que no podían hacer nada por mí. Qué lo único que me aconsejaban era que regresara a vivir a México.

          Así que ahora no sólo mi vida está destruida. También está enfermedad va a destruir la vida de mi esposo. Cuando los médicos nos dijeron esto, él de inmediato empezó a hacer planes para irnos a vivir a México. Mi esposo es un idealista y un soñador. Quiere renunciar a su trabajo. Quiere vender sus cosas aquí para tener con que comenzar en México. Quiere irse a vivir a México en septiembre del 2002 antes de que comience de nuevo el invierno, por mí.

          Pero, no sabe español, no tiene idea de lo dura que es la vida en la ciudad de México, no sabe manejar en un tráfico como el de la ciudad de México, no sabe cuidarse en una ciudad tan insegura como la ciudad de México. Como todos los europeos, que casi podría decirse que viven en el paraíso, no tiene la menor idea de como es México. El cree que le será fácil encontrar un trabajo. El sólo tiene una carrera comercial. Sus únicas ventajas es que sabe inglés y alemán, pero nada más. He tratado de hablar con él, de hallar otra solución. Estamos en negociaciones.

          No soy rica. Mi familia no es rica. Mi esposo no es rico. Mi familia política no es rica. Tenemos que trabajar para sostenernos.

          Si volvemos a México, sé que conseguiré trabajo. Pero, será un buen trabajo? Será un trabajo bien pagado? Será un trabajo estresante? Cuanto tiempo podré mantenerlo? Existe la esperanza de que pueda mantenerme libre de ataques y hacer una carrera ejecutiva en mi trabajo? Qué sucederá con nosotros en México? Tantas y tantas preguntas.

          Epílogo:

          En este momento de mi vida no quiero pensar en el futuro. Sólo quiero gozar estos momentos de felicidad que la vida me está regalando.

          Qué sucederá en el futuro? No quiero saberlo ahora.

          Ahora sólo me dedicaré a ser feliz.